La alimentación constituye una nueva experiencia para los sentidos del bebé, con lo cual es probable que, al comienzo, rechace los alimentos. Para que no lo haga es importante que el puré sea suave y sin grumos, y que se coloque en el centro de la lengua y no en la punta. Una práctica muy útil al principio es mezclar el puré con un poco de leche materna, lo que además contribuirá a mejorar la digestión.
A los seis meses las necesidades de energía y de algunos nutrientes son muy altas, pero las cantidades que los niños logran consumir son en general muy pequeñas. Por eso el puré debe ser espeso, con poco agua y apenas deslizarse en el plato. Debe estar bien pisado con tenedor, pero no se lo debe pasar por una licuadora.
En cuanto a las cantidades, se comienza con cantidades pequeñas de alimentos que se irán aumentando a medida que pasan los días, mientras se mantiene la lactancia materna. Para el primer puré es bueno poner en el plato dos o tres cucharadas hasta llegar a un plato chico (de postre) que contenga 100 gramos aproximadamente. En general las familias esperan que los niños consuman más cantidad de la que en realidad pueden.
Desde el principio de la alimentación complementaria, los alimentos que se le dan al niño deben ser concentrados en energía. Para eso es necesario incluir siempre algún alimento rico en energía y no agregar demasiado líquido durante la preparación.
Se puede comenzar con puré de papa o boniato, o polenta, o fideos de sopa bien cocidos y pisados con un tenedor. Unos días más tarde se puede combinar el puré con un trocito de zapallo, zapallito, calabaza o zanahoria. Para alcanzar la densidad energética adecuada, a los purés se les agrega una cucharadita de cualquier aceite vegetal.
Unas horas más tarde o más temprano también se le puede ofrecer al niño un puré de frutas de estación maduras, bien pisadas, que al inicio es difícil que las coma junto con el puré de verduras.
No hace falta agregar sal. Los alimentos ya tienen suficiente y no conviene que el niño se acostumbre a los sabores salados. Después de que coma, se le debe ofrecer agua de la canilla fría. En estas primeras comidas es necesario ofrecer el pecho después del puré, y no antes, hasta que el niño quede saciado.

Cantidad, variedad y consistencia
Luego de la primera semana, al puré de inicio se le debe agregar una cucharada de carne, sin grasa, bien cocida, a la plancha, hervida o a la parrilla. Hay que desmenuzarla con un tenedor o rallarla. La carne puede ser de vaca, de pollo, de cordero o de cerdo, o hígado, corazón o riñón. No es necesario elegir cortes de carne caros o especiales porque la carne se debe desmenuzar. Cualquier carne con poca grasa sirve. Nunca se debe licuar, porque de ese modo no se estimula la masticación ni se permite que el bebé identifique sabores, olores y colores de los alimentos.
Es necesario ir aumentando paulatinamente la cantidad, variedad y consistencia de los alimentos que se le ofrecen al niño para finalmente, al año de vida, incorporarlo a la mesa familiar.
Progresivamente se pueden ir agregando otros alimentos para variar el puré y dar a probar al niño nuevos sabores y texturas. El puré se puede hacer con cualquier verdura cocida, sin cáscara y sin semillas (zapallitos, zucchini, acelga, habas frescas, brócoli, coliflor, además del zapallo, calabaza y zanahoria que ya habían sido incorporados). Siempre son preferibles las verduras de estación. Para mejorar el aporte de energía, estas verduras deben combinarse con papa, boniato, polenta, sémola y fideos chicos y finos como cabellos de ángel o de sopa. Es imposible dar al niño todo lo que necesita en una sola comida. Por eso, desde el principio, es necesario ofrecer los alimentos en más de una oportunidad al día y aumentar la frecuencia de comidas a medida que el niño crece. La alimentación debe adecuarse a los horarios y costumbres de las familias, pero también se debe tener en cuenta el apetito del niño.
Cuando el bebé comienza a comer también empieza a tener sed. Para satisfacer esta sed, el agua es la mejor opción. Necesita tomar entre 50 y 100 cc varias veces en el día y sobre el final de cada comida. Si se le ofrece jugo natural de frutas, debe dársele en pequeñas cantidades y al finalizar las comidas. Hasta que el niño cumpla dos años no se le deben ofrecer refrescos, gaseosas ni jugos en polvo o preparados.