Qué es el calostro A lo largo de los nueve meses de gestación, los pechos se prepararon y transformaron para la lactancia. El calostro es la sustancia previa a la leche que sale de los pechos a partir del parto, durante los tres o cuatro días siguientes. Este líquido amarillento es muy beneficioso para el bebé porque contiene proteínas y anticuerpos que lo protegen contra las infecciones. Por otra parte, el dar de mamar beneficiará también a la mamá en tanto ayudará a que el útero se contraiga, pues la misma hormona que provoca el flujo de leche actúa sobre el músculo uterino. Algunas madres comienzan a segregar calostro en los meses previos al nacimiento, pero lo más común es que la secreción ocurra en las horas siguientes al parto y que demore un poco más en caso de cesárea.

Cuándo baja la leche
La primera bajada de leche ocurre a los dos o tres días del parto. Los pechos se ponen muy tensos e inflamados, y se siente molestia, pero aliviará poner al niño a mamar a menudo para que los vacíe. Aplicar toallas calientes o frías, según la preferencia de cada mujer, entre cada toma contribuirá al alivio. Más adelante, cuando la lactancia se regularice, en cada toma habrá una bajada de la leche provocada por la oxitocina. Cuando el bebé mama los nervios del pezón se estimulan, por eso se sentirá un pequeño hormigueo en los pechos cuando haya dado unas cuantas chupadas, señal de que la leche empieza a fluir. Puede ocurrir que salga un chorro fuerte que sorprenda al bebé y lo haga toser.

Todas las leches son buenas
Poder amamantar no es un privilegio de unas pocas madres: toda mujer está preparada para hacerlo. Premisas como “mi leche no sirve”, “no es buena”, “no engorda al bebé”, “es aguada”, son falsas. Todas las leches son buenas y no hay madre que no tenga leche buena para alimentar a su hijo. Para tener éxito en la lactancia lo más importante es prepararse para amamantar y tener confianza en que se puede lograr.
Pero hay que reconocer que a amamantar se aprende y que muchas madres desconfían de que puedan producir leche de buena calidad o en cantidad suficiente. Solo en situaciones muy excepcionales no podrá hacerlo, pero es el médico quien debe indicarlo. Ni una gripe común ni un resfrío son impedimentos. Además, el tamaño de los pechos no incide en la producción de leche. Los pechos pequeños tienen la misma capacidad de producir leche que los grandes.

Cuanto antes, mejor
La mayoría de los bebés están dispuestos a mamar durante la primera hora después del parto, cuando el instinto de succión es muy intenso. Los niños que maman precozmente en general requieren menos ayuda para hacerlo en forma eficiente.
La leche que el bebé toma al inicio calma su sed, porque es ligera y baja en materias grasas, pero tiene el 80% de las defensas que recibe el lactante; a esta primera leche sigue otra más rica en proteínas y grasas. El sentido de esto es que el bebé pueda satisfacer en una sola toma de pecho todas sus necesidades alimentarias.

Cómo producir un buen flujo de leche
• Lo fundamental es que el bebé succione el pecho; cuanto más chupe y la mama se vacíe, más cantidad de leche se producirá.
• Alimentarse adecuadamente. Es importante que la mamá esté sana y fuerte, pero la calidad de la leche no depende de lo que se coma. Si no se come adecuadamente, los nutrientes para laborar la leche saldrán de las reservas maternas.
• Seguir el ritmo al bebé y alimentarlo a su demanda, pues cuando él tiene hambre el cuerpo produce de inmediato lo que él precisa.
• Descansar lo suficiente entre toma y toma, para que el organismo pueda reponerse.

Con qué frecuencia y por cuánto tiempo
En las primeras semanas hay que prepararse para dar el pecho con mucha frecuencia, pues el recién nacido llega a comer entre ocho y 12 veces en 24 horas. La vida de la mamá será absorbida por la lactancia, pero la recompensa es grande: el bebé estará satisfecho, dormirá con facilidad, será más sano y de a poco empezará a comer con menos frecuencia y más eficiencia. Alrededor del mes, el niño ya establecerá su propio ritmo, y probablemente tomará menos veces por día. Las mamadas nocturnas son especialmente útiles para estimular una mayor producción de leche.
La idea de que el bebé debe mamar cada tres horas y durante 10 minutos de cada pecho perdió vigencia. Hoy se sabe que se debe dar de mamar a demanda: cada vez que lo pida y por el tiempo que lo necesite. Este método garantiza la producción de leche por parte de la madre, y la correcta alimentación por parte del bebé.
No todos los bebés tienen el mismo ritmo para mamar, unos necesitan más tiempo y otros menos. Como consejo, evitar imponer una rutina rígida, porque esto generará tensión entre los dos y acabará afectando la capacidad de amamantar. Cada dupla madre/hijo tiene su propia dinámica de amamantamiento.
Acortar la duración de la mamada a un tiempo fijo puede privar al niño de tomar “la leche del final de la mamada”, que es más rica en grasa y calorías y que lo ayudará a sentirse satisfecho y a aumentar de peso. Permitir al bebé que mame del primer pecho todo lo que desee, hasta que se desprenda o no succione más. Recién después ofrecerle el otro, sin preocuparse si no quiere seguir mamando. La siguiente vez que mame se ofrecerá el último pecho primero.
Si el bebé prefiere un pecho a otro –algo bastante común–, conviene ponerlo primero en el que menos desea. Por lo general, el bebé se separa solo una vez satisfecho. Pero si se queda dormido, habrá que introducir el dedo meñique entre el ángulo de su boca y el pezón para desprenderlo.
Saltear mamadas para “acumular” más leche lo único que provocará es disminuir la producción, ya que la leche retenida en el pecho es una señal para el cerebro de que está sobrando y que hay que poner en marcha mecanismos para frenar la producción. Gran parte de la leche que toma el niño se produce durante el momento de la propia mamada; por ese motivo no es necesario sentir los pechos llenos antes de poner a mamar al bebé.