Con frecuencia las mamás dudan si están amamantando bien a sus hijos y si la leche que toma es suficiente. Algunos signos para asegurarse de ello son:
• Se escuchará tragar.
• Se mostrará satisfecho.
• Dormirá tranquilo.
• Aumentará de peso.
• Mojará al menos seis pañales al día.
• Sus deposiciones serán amarillas, fluidas y frecuentes.
• Pechos y pezones estarán sanos.

¿Pero si rechaza el pecho?
Si pasa una vez sola, no es problema: seguramente significa que en ese determinado momento el bebé no quiere comer. Pero si el rechazo es reiterado, entonces habrá que averiguar con el pediatra si se trata del inicio de algún problema.

¿Y si vomita?
¿Se alimenta igual cuando vomita? Depende. Si vomita un poco en el lapso de una hora aproximadamente después de comer, seguramente significa que comió demasiado o muy apurado. Si aumenta de peso, los vómitos son la consecuencia de un exceso de alimento o de un ritmo apurado de comer. Pero si baja de peso, seguramente se está alimentando mal. Y si vomita grandes cantidades o en forma reiterada, lo conveniente es consultar con el pediatra.

Cuando es lento
Algunos bebés son lentos para comer. A veces se debe a un exceso de abrigo. Si el bebé es lento y el problema se mantiene, consultar al pediatra. Hay que tener en cuenta que un bebé que chupa durante mucho tiempo no necesariamente se está alimentando, podría hacerlo solo por el placer de succionar.

¿Dudas sobre si la leche es suficiente?
La idea de que la mujer ha quedado sin leche o de que la leche no alcanza es falsa. No hay que confundir una crisis transitoria de lactancia –como la que ocurre cuando madre e hijo regresan a la casa después del parto, o alrededor de los tres meses– con la idea de que la leche se acabó o no alcanza para satisfacer al bebé. De lo que se trata es de un desfasaje entre la producción de leche y el crecimiento del niño. Si esto ocurre, durante una semana es probable que el bebé quiera mamar más seguido, pero luego empezará a mamar con la misma frecuencia que antes.

A tener en cuenta
• Evitar las mamaderas de “complemento” y de suero glucosado.
• La leche de fórmula (que es leche de vaca modificada) y el suero llenan al bebé, por lo que este disminuye su interés por mamar. Si el bebé succiona menos, la madre producirá menos leche. Frecuentemente, el hecho de que los bebés luego de un “complemento” duerman más se asocia con que están mejor alimentados que con la leche materna. En realidad lo que sucede es todo lo contrario: la leche materna se digiere muy fácil y rápidamente, en tanto la leche de vaca es muy difícil de digerir para el bebé, y por eso tarda más en despertarse y reclamar el pecho.
• Evitar el chupete durante las primeras semanas, hasta que la lactancia esté bien establecida.
• El cambio de posición de la boca y de la lengua para alimentarse de una mamadera y succionar de un chupete puede confundir al bebé y dificultar el aprendizaje para una lactancia eficiente. De todos modos, si no hay más remedio que recurrir a la mamadera, prestar mucha atención a la higiene.
• Actualmente surgió cierta evidencia, aportada por recientes estudios, que demuestran que el uso del chupete podría proteger al bebé de muerte súbita, por mecanismos que no están claros. Por este motivo últimamente se recomienda, luego del primer mes de vida en los niños amamantados, el uso de chupete a la hora de dormir, sin volver a colocárselo una vez que el niño ya se durmió.