A los seis meses, o cuando el pediatra lo indique, el bebé empezará a ingerir otros alimentos además de la leche materna. Luego de los seis meses, posee una maduración fisiológica y neurológica suficiente como para recibir, digerir y absorber otros alimentos. El bebé ya se sienta sin tambalearse, puede controlar mejor su lengua y sus labios, empieza a tener dientes, le gusta llevarse cosas a su boca y le interesa experimentar nuevas texturas, sabores, olores, colores, temperaturas y consistencias. Ya tiene un sistema digestivo lo suficientemente maduro como para digerir alimentos.
Pero además de estar preparado, en esta etapa el pequeño necesita empezar a comer porque las necesidades de nutrientes y energía aumentan, y ya no se satisfacen únicamente con leche materna (aunque esta continúa siendo una fuente importante de calorías y nutrientes, además de proteger al bebé de enfermedades).
Para lograr que los alimentos complementen la lactancia y no la sustituyan, al principio se deben dar entre las mamadas o tomas de mamaderas. Recién cuando el niño pueda comer una comida completa (primer plato y postre) se podrá omitir la mamada o mamadera correspondiente.
Para algunos niños este paso es fácil y divertido; para otros, desagradable y raro. No conviene hacer de la comida una batalla. Se le dará tiempo para habituarse, respetando sus señales de saciedad o de disgusto, sin forzarlo a comer cuando no quiera hacerlo. La persona que alimente al bebé podrá hacer uso de su creatividad para estimularlo y premiar con halagos sus logros y sus avances. Las sonrisas y demostraciones de alegría serán el mejor estímulo para que el pequeño asocie el hecho de comer bien con satisfacción. No es bueno distraer al bebé con la televisión. Cuando se come, se come y se conversa, pero no se hacen otras cosas al mismo tiempo.