Una vez que nace un hijo, ya nada será igual: se estrena el sentimiento de que existe alguien a quien amar más que a nada ni nadie y que depende absolutamente de los padres. Es un tiempo de cambios para la pareja. Momentos de enorme alegría alternarán con otros de preocupaciones que se superarán paulatinamente. Los nuevos padres pasarán de verse rodeados de gente queriendo ayudar, opinando y asesorando en todo, a momentos en los que, solos, deberán hacer frente al cuidado diario del bebé.
Al principio la autoestima como madre o como padre será baja, pero crecerá en cuanto vean que pueden manejar sin problemas las demandas del bebé. Lejos de restar tiempo, estas demandas cambian a la pareja, uniéndola en instancias tan simples y necesarias como acariciar, alimentar y hablar al bebé, cambiarle los pañales, lavarlo y dormirlo.

Mamás solas
Es bueno que las madres solteras refuercen los vínculos con familiares, amigos y vecinos para compartir con ellos los momentos tan especiales que les toca vivir. Si la mujer no tiene pareja para compartir el cuidado del bebé, es importante que, mediante acuerdo, el padre tenga la posibilidad de ver crecer a su hijo. Independientemente de ser soltera o no tener pareja estable, es bueno compartir con alguien alegrías, temores y emociones.

Los hermanos cuando llega el más chiquito
Esperar y recibir a un nuevo hermanito o hermanita, y sobre todo el primero, es estresante. Se altera la dinámica familiar que el niño creía inamovible y parece que hay cosas más importantes que él en el mundo de la mamá, el papá y los adultos que lo rodean. ¡Bienvenido ese estrés si sabemos utilizarlo para que ellos crezcan, se fortalezcan y estén mejor preparados para asumir las realidades de la vida!

Una ayuda importante consiste en:
• Dejarlos participar con sus padres en la preparación para la llegada del nuevo integrante. Todos, hasta los más chiquitos, pueden colaborar en algo. Por pequeño que sea el aporte, los hará sentirse necesarios y valiosos.

• Evitar en la medida de lo posible que los hermanos tengan otras fuentes de estrés añadidas.

• Anticiparles cómo serán esos días durante los cuales mamá estará fuera de casa por el nacimiento (el papá es fundamental en tales momentos y se puede enriquecer increíblemente el vínculo con el hijo o la hija compartiendo esta situación familiar).

• Ayudarlos a ponerle significado al todavía poco expresivo recién nacido. Decirles por ejemplo: “¿Notaste cómo le gusta agarrarte el dedito?”, o “Está contenta porque tú le pusiste el chupete”. De esta manera, ayudamos a que el hermanito empiece a aprender y entender las señales del bebé y a relacionarse con él.

• No caer en el error de repetir frases hechas como por ejemplo: “Sos grande, hacelo solo, esperá, tené paciencia...”. Haberse convertido en el hermano mayor no lo transforma en un ser autosuficiente y capaz de entender todo. Por el contrario, necesita atención y comprensión más que nunca. No le hagamos creer que ser el mayor lo deja desamparado.

• Contar con el suficiente apoyo y creatividad como para organizarse de modo de disponer de tiempo exclusivo también para ellos. Poder dedicar un rato a compartir actividades que ellos disfruten y que sean adecuadas a su edad servirá para que entiendan que no nos han perdido y que ser “grande” tiene su parte positiva.

• Hacerles saber que, si bien lo entienden y le tienen paciencia, sus padres siguen poniéndole los límites y le enseñan a expresar adecuadamente sus emociones.