El embarazo, el trabajo de parto, el nacimiento y la rutina hospitalaria quedaron atrás; ahora la madre llega a casa dispuesta a comenzar una nueva vida, junto a su bebé. Pero en el instante en el que cierra la puerta de entrada dejando atrás el hospital, las dudas y los temores en relación con el manejo de su hijo asoman: ¿Tendrá hambre? ¿Querrá dormir? ¿Por qué llora? Situaciones nuevas sorprenderán cada día, pero ninguna superará la sensación tan especial de tener al bebé en casa.
El primer día del bebé puede ser también el primer día más difícil de la mamá. Preguntar todo lo que se le ocurra es el modo ideal de anticiparse a las situaciones más comunes.
Con respecto a la alimentación es necesario seguir las indicaciones brindadas en el hospital. Lo mejor es darle el pecho a demanda, unas ocho veces por día, y no dejar pasar más de cuatro horas entre cada mamada.
El bebé dormirá con frecuencia y a lo largo de todo el día. Poco a poco, sus períodos más largos coincidirán con el horario de la noche.
Es probable que llore muchas veces el primer día. No hay que sorprenderse por la fuerza de su llanto: los bebés expresan sus necesidades de este modo; de a poco se aprende a interpretarlo y satisfacerlo.

Crear confianza
Poco a poco, observando y conociendo al bebé, se irán estableciendo rutinas. Las preocupaciones irán cediendo y la mamá aprenderá a determinar exactamente qué es lo mejor para él. Pero este período de adaptación toma algunas semanas, por eso conviene armarse de paciencia y tener muy presentes algunos temas que, aunque son parte natural de la nueva situación, podrían generar inquietud.
Los bebés, como los adultos, se comportan de manera diferente: no hay que esperar que todos reaccionen de la misma manera. Cada uno desarrolla su propio estilo. Si la mamá es capaz de observar con atención la conducta habitual del pequeño –en relación con el sueño, el llanto, el baño, la alimentación, las materias fecales–, se resolverá con satisfacción la difícil y apasionante tarea que implica ser madre.