El sueño es una instancia vital para el bebé. No hay que sorprenderse: en sus primeros meses dormirá entre 10 y 16 horas diarias en total, y lo hará en cualquier ámbito, sin importar los ruidos y si está oscuro o iluminado. No dormirá necesariamente en horarios que coinciden con los de sus padres, en la noche, porque a los bebés les toma tiempo aprender la diferencia entre el día y la noche.

Duración y frecuencia
Los bebés también presentan singularidades en sus hábitos de sueño: la cantidad de veces que se despiertan durante la noche y el tiempo que permanecen despiertos durante el día varía en cada caso. Muchos pequeños duermen la mayor parte del tiempo, en tanto a otros les es más difícil dormir. Y si bien cada cual tiene un ritmo propio, lo más común es que durante el primer mes de vida duerman por períodos breves, entre una y tres horas, inclusive en la noche.
Los bebés, a diferencia de los adultos, no pueden dormirse de manera profunda con mucha rapidez. Ellos pasan de unos 20 minutos de sueño liviano a un sueño cada vez más profundo. Una vez dormidos, difícilmente se despiertan si no durmieron lo necesario.
El recién nacido debe dormir cuando tiene ganas de hacerlo. Siempre que el bebé quiera dormir, conviene que lo haga. Y como en esta etapa el sueño está muy ligado a la alimentación, lo normal es que se despierte por su cuenta cuando sienta hambre.
En una etapa posterior los tiempos del sueño de padres e hijos se irán ajustando, por lo cual el sueño diurno del bebé empezará a disminuir.

Dónde conviene que duerma Al principio el lugar será irrelevante para el bebé, y si está oscuro o iluminado tampoco afectará su sueño. Sin embargo, es conveniente acostumbrarlo a que se duerma con los ruidos habituales de la casa, en su propia cuna y en su propia habitación.

Si no duerme… Esto, seguramente, preocupa y cansa, pero también gratifica, porque manifiesta una lucidez y un entusiasmo particular. Cuando el bebé permanece despierto es porque quiere el contacto con sus padres, porque disfruta y establece lazos con el entorno. Es importante observar qué hace y qué lo entretiene o gratifica, para poder acompañarlo. Pero si duerme poco es conveniente consultar al pediatra y explicarle qué hace cuando no duerme.

El ritual de ir a dormir El hábito de ir a dormir es para los niños una experiencia diaria de separación, necesaria para su buen funcionamiento y el del grupo familiar. Con los ritmos y exigencias de la vida actual, es bueno que esta separación se apoye en rituales preparatorios —como el canto de cuna—, que hacen de esta separación algo paulatino. Lograr que el niño se duerma implica algo más que concretar su necesidad fisiológica de dormir. Es vivir un ritual nocturno cargado de afectividad.
La primera voz humana que oye un recién nacido es la de su madre, así como es su cuerpo el primero que siente y toca. Es natural que sea ella la primera persona en cantarle a su hijo cuando esté agitado, angustiado o cuando el sueño y el hambre lo venzan. Lo conveniente es hacerlo con voz suave y envolvente, mientras se lo mece al ritmo de la melodía.