Ser madre y trabajar al mismo tiempo no es fácil, y cuando se trata del primer hijo, es menos fácil aún. La adaptación a la nueva situación exigirá tiempo y esfuerzo. Puede ocurrir, incluso, que la madre se sienta culpable por tener que delegar la función del cuidado del bebé en otra persona.
Las separaciones no son fáciles. Por eso, a la hora de volver a trabajar, es conveniente dejar al pequeño bajo el cuidado de alguien que realmente sea de confianza.
El recién nacido es un ser indefenso, por eso requiere una entrega casi total. Pero si la mamá vuelve al trabajo, inevitablemente no podrá ocuparse de manera directa de todo. Y esto no la pone en falta ni la hace “peor madre”. Progresivamente, el bebé irá comprendiendo que no todo se satisface en el momento en que lo pide e irá aprendiendo a acompasar sus propios ritmos con los del hogar. De cualquier manera, la situación es compleja en un inicio y por ende requiere un manejo cuidadoso.

El manejo de la culpa
La vuelta al trabajo es un momento especial en la vida de ambos: madre e hijo. Después de estar juntos alrededor de tres meses, se separan. El bebé debe adaptarse a vivir menos tiempo con su mamá y ésta a equilibrar su rol materno con el profesional. Se sentirá culpable ante la posibilidad de perderse los primeros acontecimientos —como el primer “ajó”— o de salir de casa dejándolo enfermo. Y es natural que se sienta así. Está delegando el cuidado de lo más preciado que tiene en otra persona. De manera casi inevitable, la culpa y los miedos se entrecruzan: ¿Y si lo cuida mal? ¿Y si se lastima? Para aliviar esa culpa tan habitual y a la vez tan incómoda, conviene en primer lugar tener presente que reintegrarse a las actividades y dejar al hijo por unas horas a diario no significa por ese tiempo dejar de ser madre.
En segundo lugar, es bueno analizar los motivos que llevan a la madre a retomar el trabajo; saber por qué necesita separarse del bebé le permitirá organizar sus emociones: controlar la ansiedad, sentir menos culpa y lograr cierto equilibrio. Debe entender que ser madre es mucho más que estar presente en cada uno de todos los momentos de la vida de su hijo. Y tiene que reconocer con realismo las limitaciones para que la nueva situación no la desborde.
Un modo de facilitar el proceso de adaptación a la nueva realidad es empezar a ausentarse gradualmente, saliendo de casa por períodos breves antes del término del posnatal. Y una vez que se reintegre al trabajo, un hábito esencial es que al volver cada día a su casa aproveche el reencuentro y dedique a su hijo todo el tiempo que tenga.

Opciones de cuidado para el bebé
En el caso de las madres que trabajan, algunas familias optarán por enviar a sus hijos a una guardería, otras recurrirán a una persona para que lo cuide (que puede ser o no un miembro de la familia). Otras optarán por cuidarlos ellas mismas y renunciar a trabajar. Cada opción tiene ventajas y desventajas; los padres decidirán la que consideren mejor en el marco de sus posibilidades.
En términos generales, lo ideal es que solo una persona asuma el cuidado del bebé y que esa persona lo conozca con anterioridad al reintegro laboral de la mamá. Además, en la medida de lo posible conviene que el ambiente se mantenga estable, continuar con las rutinas y que no haya traslados o cambios de casa. La guardería es también una alternativa, aunque implica un cambio de ambiente y pasar de una o dos cuidadoras a más. Es muy recomendable si está ubicada en el lugar de trabajo de la mamá, porque allí puede amamantarlo dos veces al día y prolongar el contacto.

El efecto en el bebé
Momentos difíciles no dejarán de existir, sobre todo si el bebé se enferma o se siente mal.
Es importante dar tiempo al pequeño para que se adapte a su rutina y que la mamá se acostumbre a los nuevos horarios. De esta forma, juntos irán aprendiendo a manejar esas situaciones más complejas que se pueden presentar.