Desde que nace, el bebé se comunica, aunque no pueda hablar más que el simple “ajó” a partir de los primeros meses. Con gestos, movimientos, miradas y sonidos expresa lo que quiere o no quiere, lo que le hace bien o le incomoda. Con solo llorar comunica alguna necesidad o algún dolor; al mirar fijo deja claro que la persona o el objeto que mira le atrae. Si la madre responde a sus mensajes con sus propios medios –caricias, palabras, miradas y gestos al abrazarlo o sostenerlo– el aprendizaje de los códigos será más rápido. Madre e hijo aprenderán el lenguaje del otro.
La comunicación que nace entre los padres y el bebé es un lenguaje que supone demandas y respuestas. Los cuidados no deben ser excesivos ni insuficientes. No conviene ser padres autoritarios ni tampoco esclavos del bebé. El pequeño debe aprender a esperar. Aunque al principio parece querer todo “ya”, poco a poco aprenderá a esperar unos minutos. Pero solo será capaz de hacerlo si sabe que puede confiar en sus padres y en los cuidados que recibe.

Gritos y llantos
Desde el nacimiento el niño emite gritos y llantos. En la primera etapa, estas expresiones no tienen una intención muy definida, son más que nada actos reflejos asociados al placer que le provoca recibir el alimento o al desagrado que le causan los cólicos, el hambre u otras situaciones normales. Estas reacciones espontáneas pasan a ser intencionales cuando quienes rodean al niño dan sentido a estos comportamientos. A medida que pasan los días, el niño expresará su sentir y quienes lo cuidan responderán a sus necesidades. De ese modo, los gritos y el llanto se transforman en señales. De a poco el bebé aprenderá que sus necesidades siempre tendrán respuesta. En esta etapa, dejarlo llorar, no prestarle atención, no es bueno. No es posible “malcriar” a un bebé tan pequeño.
La mirada
El encuentro de miradas con el bebé es también una forma esencial de comunicación. La mirada lo alimenta tanto como la leche, ya que establecer contacto visual con sus figuras de apego ayuda a su desarrollo mental y emocional. Es bueno buscar con la mirada su cara y sus ojos, porque así él sentirá que lo atienden y lo cuidan. El recién nacido es capaz de ver y también de orientar su cabeza en la dirección de las voces que le hablan. Por lo general, cuando llora y es levantado de la cuna, se calma, deja de llorar y abre sus ojos para seguir a quien lo alza con su mirada.
El contacto físico
En buena medida, la comunicación con el bebé se establece mediante el contacto físico. Porque a él le gusta que lo toquen y lo manipulen con cariño y seguridad. Cuando la madre toma a su hijo en brazos y lo mece, se mecen juntos; sin darse cuenta, ella adapta sus movimientos a los del bebé. El niño se mueve al compás de su voz, y estos movimientos son gratificantes para ella y estimulantes para él. El bebé nace sociable y busca el afecto físico en caricias, abrazos y besos. Por eso es importante que los padres expresen libre y físicamente el amor por su bebé.