Cuando empieza a gatear su mundo se vuelve inmenso y muy atractivo. Entonces habrá que tener cuidado con escaleras, puertas, cables y objetos peligrosos a su alcance. Este es un momento en que algunos “no” son necesarios y deben aparecer, aunque el bebé recién empiece a entender lo que significan. ¡No hay que confundirlo! Si se le dice “no”, hay que mantenerlo y actuar en consecuencia siempre.
A medida que va entendiendo que no puede hacer algunas cosas aunque tenga ganas, mirará a sus padres o cuidadores cuando se acerque a un objeto prohibido. No hay que pensar que se trata de un desafío; está aprendiendo cómo funcionan las cosas. Es un buen momento para ser coherentes, claros y firmes, aunque cálidos y cariñosos.

A moverse y a explorar
Es bueno que los padres le permitan al bebé moverse libremente, arrastrarse y gatear. Para ello hay que ponerle ropa cómoda y que no importe que se ensucie. No todos los bebés gatean; algunos reptan y otros se desplazan de costado.
En esta etapa el niño también disfruta de tirar y soltar cosas. No lo hace para molestar, está invitando a jugar con él, para que le alcancen lo que tira y para ver qué pasa cuando lo hace. Este juego “dame-tomá” favorece su coordinación.
No es bueno usar el andador, ya que puede provocarle accidentes porque el niño se traslada a lugares donde no es posible vigilarlo y puede caerse y lastimarse. Además, el andador no lo ayuda a animarse a caminar. En el corral, en tanto, el pequeño tiene poco espacio para moverse así que no conviene que pase largo tiempo dentro de él.
El niño está más movedizo. Está aprendiendo a pararse sobre sus piernas, apoyándose en las personas y en los muebles. Esto favorece el conocimiento de su cuerpo, su motricidad y su lenguaje. Es bueno ayudarlo a dar pasitos pero sin apurarlo.
A través del tono de voz y de las palabras de quien lo cuida, el pequeño aprende que hay objetos que no puede tocar. Es el adulto el que con su mirada, sus palabras y sus brazos, lo guía hacia lo que puede y no puede hacer.