En el universo de las relaciones humanas las más intensas son sin dudas las familiares. Y en esta red de vinculaciones íntimas, el encuentro inicial madre e hijo es el más significativo.
El bebé nace frágil –en estado de dependencia respecto de su madre, su padre y otros cuidadores–, y en el marco de esta dependencia temprana se desarrolla el apego. Se trata de un lazo muy especial que la madre forma con su hijo, que por un lado produce en él seguridad, alivio, consuelo y placer, pero también angustia cuando asoma el temor o la posibilidad de perderla.
La madre se sentirá atraída hacia el bebé; vivirá el deseo físico de olerlo, abrazarlo, mecerlo, arrullarlo y mirarlo detenidamente. El hijo, a su vez, responderá acurrucándose, sonriendo, llorando, chupando y agarrándose de ella. Las conductas de la madre serán placenteras, consoladoras y nutrientes para él, y sus conductas causarán satisfacción y placer en ella. Y es precisamente en esta relación madre-bebé, tan especial y única, que se desarrolla el apego. Sin las experiencias tempranas adecuadas, el potencial de desarrollo del niño no es completo. Está demostrado que mientras el bebé se familiariza con la voz, el rostro, el olor y la textura de la madre, incorpora bases para los vínculos personales que mantendrá hasta la vejez.

Cómo hacer más placentero el encuentro
No descuidar los actos que crean apego: alzar y sostener al bebé en el hombro con amor, mecerlo, cantarle, alimentarlo, besarlo y acariciarlo, son todas experiencias cruciales de vinculación temprana. Aprovechar para jugar con el bebé cuando está tranquilo y despierto, y también a la hora de cambiarle los pañales y bañarlo.
No es extraño que la madre se sienta a gusto con un bebé tranquilo, pero abrumada con uno irritable. Estar atenta, leer las señales no verbales que emite e intentar siempre responder adecuadamente. Fomentar un ambiente tranquilo y un ritmo de vida ordenado. Evitar movimientos rápidos, nerviosos o violentos. El bebé se relaja solo cuando la madre está relajada y bien dispuesta.
Las separaciones en este momento de la vida del bebé no son fáciles. Para nadie. Si la madre tiene que salir a trabajar, debe asegurarse de que la persona que quede sea de su confianza. Pasado el primer momento, la situación se supera con mayor tranquilidad. De cualquier modo, es bueno planificarlo en función de cada situación.

Bebés felices
Al bebé le gusta mucho ver la cara de su mamá –sus expresiones faciales– y escuchar su voz. Por eso, si ella le habla con ternura y suavidad, se sentirá seguro, complacido y feliz. Si el bebé está feliz tenderá a observar, explorar, jugar y producir más sonidos, y todo eso le permitirá aprender más rápidamente.
Pero así como los bebés sienten felicidad, sufren también emociones negativas (angustias, reacciones al dolor, enojo), que generalmente expresan mediante el llanto. En la medida de lo posible no es bueno dejar que emociones de ese tipo duren mucho. Es recomendable reaccionar con amor y ternura.