Cuando el bebé cumple tres meses, la vida familiar empieza a ordenarse de a poco y puede empezar a regularse mejor. El comportamiento del bebé se va ajustando al ritmo de su entorno: comienza a espaciar las mamadas y duerme un poco más de noche que de día. Ya no se queda dormido apenas come, pero después de comer estará bien dispuesto para una siesta.
Está mucho más conectado con el mundo que lo rodea: mira con más atención, hasta deja de comer si algo le resulta muy interesante y empieza a emitir los primeros sonidos claramente interactivos. Dice “ajó”, esa vocalización que tanto transmite y alegra a los adultos. Con sus primeras vocalizaciones, los padres sabrán que registra su presencia, que se quiere comunicar con ellos, que descubrió el sonido que emite y que pronto le dará significado. Su sonrisa está claramente dedicada a quien él quiere, y con ella se ilumina el mundo.

Los rituales
Los rituales y las rutinas son vitales porque ayudan a regular, a calibrar el reloj biológico del bebé, a entender el significado de las señales. El ritual implica mantener razonablemente los mismos horarios, la misma secuencia de acciones, sin que eso se convierta en acciones mecánicas. Estos rituales cotidianos deben estar cargados de gestos naturales y placenteros tanto para el bebé como para los papás y otros cuidadores.

La sonrisa del bebé: una fiesta y una señal importante
Si bien los bebés pueden sonreír desde recién nacidos, esa sonrisa precoz es solo un movimiento reflejo. La sonrisa social de verdad, la que significa que está comunicado, aparece en algún momento del segundo o tercer mes. Esta sonrisa, como tantas otras señales del bebé, necesita ser respondida y estimulada. La respuesta de la mamá, el papá y los demás seres próximos le confirmará que la comunicación está establecida.