Los padres son los primeros maestros del bebé, y también los primeros compañeros de juego. Por eso, para que el niño se desarrolle en todo su potencial, es preciso nutrirlo con estímulos de todo tipo. Su sistema nervioso está todavía en pleno desarrollo, de modo que todo lo que toca, ve, escucha y siente es clave para su crecimiento intelectual y emocional.
El cerebro se desarrolla bien si recibe la estimulación adecuada. Cuando esta es escasa o excesiva, muy lenta o muy rápida, o si llega en un momento inadecuado, se perturba el desarrollo sano y normal del cerebro. La sobrecarga de estímulos, dejarlo solo o interrumpir su sueño son ejemplos de situaciones desfavorables.
Cada bebé tiene su sensibilidad personal: podemos descubrir cuánta estimulación es buena para él o ella, cuánto sonido, cuánta excitación lo hace sentir bien y cuánta lo hace sentir mal. Mediante la interacción y el juego es posible fomentarle la imaginación y la curiosidad sobre el mundo que le rodea.
Es mucho lo que los padres pueden hacer para promover el desarrollo sano de su hijo. No es necesario contar con juguetes didácticos costosos ni aparatos de última tecnología para que crezca sano e inteligente. Es bueno ubicarlo en la casa de modo que pueda ver a sus padres o cuidadores mientras hacen sus cosas.
También es importante contestar sus vocalizaciones, esos ruiditos sin sentido aparente, pero importantes para relacionarse. Acercarse al bebé y hablarle cuando mira a los adultos. Devolverle la sonrisa. Para que el bebé aprenda que es parte de la familia hay que demostrarle que ocupa un lugar en la vida de ella.