Cuando nace En el recién nacido casi todos los movimientos son actos reflejo, es decir, automáticos e involuntarios. Igualmente es posible estimularlo desde su nacimiento, con delicadeza y despertando su sensibilidad de a poco. El momento ideal para hacerlo es cuando recibe el alimento, susurrándole palabras tiernas, sonriéndole, mirándolo a los ojos, acariciando sus manitos y su cara. También cuando lo mudan o lo bañan es posible estimularlo masajeándole suavemente el cuerpo y poniendo un dedo en su manito para que lo apriete.

Al mes de vida
• Hablarle mientras mama y, si es posible, con la mano libre acariciar su cara y sus manitos.
• Cuando el bebé está desnudo, hacerle masajes suaves en el cuerpo.
• Si aprieta un dedo, levantarlo para que haga más fuerza.
• Tomarle los brazos y moverlos hacia los costados, hacia arriba y abajo, muy suavemente.
• Estando el niño acostado de espaldas, tomarle las manos y sentarlo suavemente.
• Estando el bebé boca abajo, empujar uno de sus pies hacia delante; él avanzará un poquito. Luego empujar el otro pie. Esto le obligará a hacer fuerza con los brazos y a levantar la cabeza.
• Acostumbrarlo a dormir con ruidos –suaves– y a estar en un ambiente con distintas personas.
• Cuando aprenda algo nuevo, repetir la actividad una y otra vez. Al bebé le divertirá y disfrutará de intentar cosas nuevas.
• El bebé observará cómo reaccionan sus padres ante todo. Si le explican lo que hacen, mejor.
• Hablarle y cantarle siempre que se pueda. Esto le ayudará a desarrollar las habilidades del lenguaje, aunque todavía no hable.
• Leerle desde que nace y continuar haciéndolo mientras crece.
• Colocarle un móvil para que lo siga con la mirada.
• Mostrarle un objeto de color brillante y moverlo lentamente, alentando al niño a seguirlo con su mirada.
• Evitar los castigos. El bebé no distingue el bien del mal, ni lo peligroso de lo inofensivo.
• Procurar que siempre esté en un lugar seguro.

A los dos meses
• No dejar de aplicar las pautas sugeridas para el primer mes de vida.
• Animarlo a explorar. Mostrarle cómo mirar, tocar, oler, escuchar y manipular objetos.
• Acostumbrar al bebé de manera progresiva a permanecer boca abajo mientras está despierto. En esta postura fortalecerá sus brazos y su cuello y, sobre todo, podrá satisfacer su curiosidad con mayor libertad. Ponerle delante un objeto de color fuerte que se mueva o suene. Intentar despertar el gusto del bebé por dicha postura, apoyándolo también sobre el propio cuerpo recostado. Al hablarle y acariciarle la espalda, él levantará la cabeza para observar.
• Cuando el pequeño esté boca arriba es posible estimular la fijación de su mirada hablándole, gesticulando y sonriéndole. Una vez que ha logrado fijar su mirada, comenzar a moverse lentamente para darle tiempo a que nos siga. Estimular los movimientos de su mirada en forma pareja, hacia la derecha y hacia la izquierda.
• Acondicionar el ambiente previo o posterior al baño, dejando que el bebé disfrute la libertad de movimiento que le permite estar sin ropa. Aprovechar este momento para promover el contacto corporal: hacerle caricias y masajes, que él agradecerá.
• Tomarle las piernas, estirarlas y doblarlas suavemente.

A los tres meses
• Los músculos del cuello se han fortalecido, por eso ya no será necesario preocuparse tanto si su cabecita se bambolea. Ahora es un bebé más activo y curioso que, al haber aumentado sus posibilidades, necesita ejercitarlas. Ya puede comenzar a seguir objetos que se mueven hacia un lado y hacia el otro y, boca abajo, puede observar por más tiempo lo que se le pone delante. Si lo orientan, es incluso capaz de señalar qué cosas le gustan más.
• A partir del tercer mes aumenta el tiempo de vigilia. El mundo externo se pone más y más interesante para el bebé, que además comienza a distinguir formas y colores.
• Dejar que meta sus manos en la boca: está conociéndose. Todo objeto que se encuentre a su alcance terminará indefectiblemente en su boca. Experimentará lo que es duro, blando, frío y caliente.
• Mostrarle las manos propias y jugar con ellas.
• Intentar que siga los movimientos con la mirada. Llamarlo para que mire hacia el lado donde uno está.
• Cuando está boca abajo, ponerle objetos delante para que los observe. Aumentar progresivamente el tiempo de permanencia del pequeño en esta posición. Lo ideal es que esto ocurra en el piso, sobre una alfombra o acolchado que no se resbale, pues de este modo se evita el peligro de que caiga y él se beneficia más con la postura sobre una superficie firme que una blanda, como la cama.
• Cuando esté boca arriba, ponerle objetos al alcance para que intente llegar a ellos.
• Jugar a “¿Está? ¡No está!” con el bebé.
• Es conveniente variar los objetos que se le presentan, pero a su vez mantener un número reducido, para que el bebé se familiarice con ellos.
• Repetir los sonidos que el bebé emite para favorecer la comunicación.