Los primeros instantes después del parto constituyen un tiempo único, irrepetible e inolvidable para quienes tienen un hijo. Sin embargo, también suceden situaciones que, aunque normales y fácilmente manejables, pueden generar dolor, molestia o miedo. Esas situaciones no deben desplazar la importancia de esta experiencia tan especial que ambos –madre y padre– empiezan a vivir. Aunque la mujer tenga que enfrentar procedimientos médicos y situaciones nuevas que la atemorizan un poco, debe intentar que nada la distraiga de lo primordial: conectarse con su bebé, conocerlo, cuidarlo y disfrutarlo.
Casi todos los recién nacidos son diferentes a los que aparecen en las fotos de los libros. Inmediatamente después del parto están arrugados y la forma de su cabeza viene afectada por el pasaje por el canal del parto o la forma del útero. En general tienen la piel mojada y enrojecida, y la cara hinchada. A medida que pasan los días la cabeza se redondea y su aspecto se estabiliza. Desde el nacimiento, el bebé es parte de su familia, con sus particularidades y parecidos en el aspecto físico. Lo bueno es que, aunque el bebé real no se parezca al imaginado, conmoverá a su madre desde el primer instante y hará que ella sienta que tiene en sus brazos al ser más lindo del universo.

El tamaño
Es muy variable. El peso esperable del bebé al nacer va de 2,5 a 4,5 kg. Bajará de peso en los primeros días y deberá aumentar a partir de la primera semana.

La cabeza
Es muy grande en relación con el resto de su cuerpo. Se inclina hacia un lado cuando está acostado y cae hacia adelante o atrás cuando lo incorporan, porque así funciona el tono de su cuello en esta etapa de su vida. Para levantarlo y movilizarlo hay que colocar una mano entre su cabeza y su espalda, y realizar el movimiento en bloque. Por otra parte, no es extraño que tenga algunas marcas en su cara y su cabeza. En el centro de la cabeza del bebé hay una parte blanda llamada fontanela. Allí los huesos planos del cráneo tienen que seguir creciendo, por lo que no se han osificado aún y están unidos por tejidos blandos que dan espacio al crecimiento: al nacer su perímetro craneal mide unos 34 cm y al año, 46 cm. A medida que el bebé crezca, el cráneo cerrará y cubrirá esta parte blanda. Lo usual es que la fontanela cierre totalmente entre los 12 y los 18 meses.

El cabello
Varía en cantidad y espesor. Alrededor de los tres meses la mayoría pierde el que traía al nacer y genera una nueva cabellera, de un color diferente.

Las manos y los pies
Las piernas suelen estar flexionadas; no hay que forzarlas pues poco a poco irán cambiando el tono. En cuanto a los puños, muy probablemente los mantenga apretados en forma casi permanente. Y sus uñas seguramente estén largas y manchadas por el meconio.

Los ojos
Suelen ser de color azul oscuro cuando el bebé nace, pero el verdadero color se fija hacia el final del primer mes. Los párpados pueden estar hinchados debido a la presión causada por las contracciones uterinas. Y si aparece incluso algún derrame en el blanco del ojo, no hay que preocuparse, pronto desaparecerá.

La piel
Es fina y suave, y a menudo viene cubierta de: grasa, vello aterciopelado o lanugo, descamación, puntos blancos en la nariz. Todo esto irá desapareciendo con el paso de los días.

El cordón umbilical
Se corta tras el parto y un resto permanece adherido al bebé entre 7 y 15 días hasta que se seca, se arruga y se cae. La cicatriz que deja es el ombligo.

Los genitales
Son grandes debido a la acción de las hormonas del embarazo. Por esto mismo, tanto niñas como niños pueden tener glándula mamaria abultada que luego se reducirá. La niña suele nacer con la vulva aumentada de tamaño y color rojo oscuro. Es normal que produzca secreción mucosa o sanguinolenta, provocada por el cambio hormonal. El varón suele tener el prepucio cerrado de tal manera que no se le puede replegar.