El niño estará más a gusto y se adaptará mejor si: • Hay un ambiente de afecto y comunicación. Conviene apagar el televisor y bajar el volumen de la música, así es más fácil conversar.
• No hacer un circo a su alrededor a la hora de comer. Es suficiente con acompañarlo, hablarle, conversar o contarle un cuento.
• Tiene su lugar en la mesa, su propia cuchara y tenedor.
• Se respeta el horario de las comidas.
• Se lo deja practicar comer solo.
• Come lo mismo que el resto de la familia. Aprende imitando.
• La comida servida en el plato tiene aspecto agradable, con diferentes formas y colores.
• Decide cuánto comer. Dejará de hacerlo al sentirse lleno. No es bueno forzarlo a comer, tendrá el efecto contrario.
• Siente que a veces elige qué comer. Los padres pueden darle opciones saludables, como “manzana o mandarina”, “pan con dulce o torta casera”, “moñitas o tirabuzones”.
• Conoce diferentes sabores y olores. Con sentido común, buen humor y creatividad es posible estimular al niño a probar nuevas comidas. Sin presiones, estrés o amenazas.

Será más difícil y rechazará una alimentación saludable si:
• Hay mucho ruido y gritos o se discute a la hora de comer. No es bueno que coma apurado o nervioso.
• Mamá o papá muestran actitud de rechazo o disgusto a los alimentos ofrecidos.
• Se le da de comer siempre lo mismo.
• Solo se le ofrecen sus platos preferidos.
• Nunca lo dejan elegir.
• Se lo obliga a comer cuando no tiene apetito o en cantidades muy grandes.
• Ha comido golosinas o tomado refrescos antes de la hora del almuerzo o la cena.