Dos vasos de leche por día: sola, o con vainilla. También se puede incorporar leche en las comidas y en los postres.
• Comer la mayor cantidad de frutas y verduras posibles, crudas o cocidas, en todas las comidas. Una buena opción es agregar a los guisos, estofados, salsas y tucos verduras variadas como zanahoria, zapallo, zapallito, cebolla, tomate, morrón o brócoli. En cuanto a la cantidad, se recomienda comer por lo menos cinco frutas o verduras en el día. Las de estación son más nutritivas y baratas.
• Pescado todas las semanas. Todos son buenos: frescos, congelados o en lata. Los más grasos como el atún, las sardinas, el bagre, la palometa y el jurel son ricos en grasas de buena calidad que le hacen mucho bien.
• Carnes, menudos, porotos o lentejas que aportan hierro. Si la familia recibe leche en polvo, ésta también está fortificada con hierro. Además, en almacenes y supermercados podrán encontrar leche fresca con hierro incorporado.
• Las alergias a los alimentos como el pescado, la naranja, el tomate o el huevo tienden a desaparecer a medida que el niño crece. Cada tanto, es bueno volver a probar, ofreciendo al niño pequeñas cantidades, para no privarlo de alimentos tan importantes y nutritivos.
• No conviene prohibir alimentos, ya que de esa forma se aviva el deseo. Hay que permitirle comer golosinas, snacks y refrescos de vez en cuando, en cumpleaños o algún domingo. Los padres deben pedir al resto de la familia que colabore con esta decisión, y que opten por regalarle lápices de colores, crayolas, hojas o libritos para dibujar, en vez de golosinas o alimentos no saludables.