Para un chiquito irse a dormir significa perderse la fiesta que son la vida y el mundo y, además, alejarse de sus padres. Muchos arranques independentistas diurnos cesan en la nochecita. Por ejemplo: de día toma en vaso, pero de noche reclama la mema; de día es independiente, pero de noche quiere upa. Mantener la misma secuencia de acciones cada noche lo tranquiliza y lo ayuda a ir preparándose para el sueño. También ayuda que el ritmo a su alrededor se vuelva más lento. No hay que ser especialmente divertidos ni excitantes de noche.
A la hora de irse a la cama es muy importante demostrarle amor y firmeza en igual proporción. Lo mejor: unos buenos y tranquilizadores mimos cargados del firme mensaje de que ahora “hay que ir a dormir”. Proveerlo de su objeto acompañante hará que se sienta protegido y seguro aun estando solo.
Si se angustia hay que calmarlo, pero siempre manteniendo la consigna de que es hora de ir a dormir, que se duerme en su cama y que los papás estarán cerca por si los necesita. Hay que conservar la paciencia y la firmeza. Ni el enojo ni el estrés ayudan, y mucho menos dar marcha atrás en la decisión. No conviene llevarlo a dormir a la cama paterna ni dejarlo dormirse mirando televisión. Lo mejor para él es acostumbrarse a dormir solo y en su lugar.

¡Esa sabanita que lleva a todos lados…!
Se la llama “objeto acompañante”. Puede ser un trozo de tela, una frazadita, un muñeco o un chupete súper usado; cualquier objeto que el niño tuvo en las primeras etapas de su vida y que, por algún motivo, ha cargado de gran significado. Este objeto lo hace sentirse acompañado, lo ayuda a tolerar la soledad.
No todos los niños y las niñas tienen objetos acompañantes. A otros lo que los tranquiliza puede ser la succión del pulgar, el tironeo del lóbulo de la oreja, hacerse rollitos con el pelo… Después del año, el mundo se vuelve mucho más desafiante para los chiquitos, y además es más probable que no estén todo el tiempo con sus padres. Es por eso que uno de estos objetos acompañantes puede resultarles imprescindible para enfrentar lo desconocido.
Si en alguna etapa el uso de objetos acompañantes se intensifica, vale la pena preguntarse qué es lo que provoca su nerviosismo. El uso del objeto acompañante suele ir desapareciendo gradualmente antes de los cuatro o cinco años. Es mejor no intervenir en esto y dejar que él mismo regule el “destete” de su objeto especial.