Esta es una edad en la cual los deseos y los impulsos son muy fuertes; los niños tienen poca experiencia en tolerar frustraciones y su lenguaje y sus habilidades de expresión y descarga todavía son limitadas. El llanto sigue siendo su principal manera de expresarse, que ahora manifiesta más emociones: enojo, tristeza, frustración, rabia. Además, ya tienen experiencia y saben que el llanto los provee de algo muy valorado: la atención de los adultos.
Una gran ventaja es que los adultos y hasta los hermanitos mayores ya reconocen con más claridad cuándo el llanto es de miedo, dolor o frustración, y cuándo es simplemente un recurso para lograr que, por ejemplo, no hablen más por teléfono.
Cuando el niño ya tenga un lenguaje más amplio, se le podrá enseñar a expresar las emociones hablando. Hay que prestar atención a su palabra, siempre que pida o se exprese sin llanto. Ponerle nombre a lo que siente en ese momento le permitirá ir distinguiendo mejor las diferentes emociones. Se le puede decir, por ejemplo: “¡Cómo te enojó que tu hermano no te prestara sus lápices!” o “Es normal quedarse un poco triste cuando perdemos algo que nos gustaba mucho”.