Cuando el niño tiene entre dos y tres años aún no está lo suficientemente maduro para aprender a leer, pero puede comenzar a familiarizarse con la lectura y adquirir el gusto por esa actividad.
Si los padres le leen un cuento antes de dormir, si conversan con él a propósito de las imágenes de un libro y lo animan a pasar las páginas, mostrándole las figuras y las palabras escritas, el niño desarrollará su lenguaje y su imaginación y es muy probable que aprenda a leer más rápido.
Si le proporcionan libros, le hacen preguntas acerca de las historias y escuchan lo que les dice, además de fortalecer sus vínculos, incentivan su interés por la lectura, una aventura de la emoción y el conocimiento que dura toda la vida.
Los cuentos son esenciales en la vida del niño porque, además de estimular su creatividad e imaginación, constituyen actos afectivos. Cuando los padres cuentan una historia a sus hijos, les abren un camino de descubrimiento en un contexto de cuidados y de amor.