Durante el segundo año de vida el niño deja de sentirse parte de sus padres y hace esfuerzos por independizarse; desea hacer todo solo y lo quiere ¡ya! Cuando las cosas no son como él quiere, el pequeño se enfurruña, llora, protesta. Es la edad de las “rabietas”. Es bueno que quiera independizarse y hay que acompañarlo en ese camino, pero también tiene que aprender que no todo es posible y que existen reglas y prohibiciones que debe aceptar.

¿Cómo hacer para que aprenda a reconocer límites?
• Ayudarlo a comprender lo que está bien y lo que está mal.
• Mostrarle que hay cosas que nunca podrá hacer ya que son peligrosas. Por ejemplo, tocar enchufes, acercarse a la cocina y a la estufa. Tampoco podrá pegarles a los demás.
• Hablarle con claridad y firmeza explicándole por qué algo está mal.
• Ser paciente y comprensivo, ya que portarse “bien” lleva tiempo, como cualquier aprendizaje.
• Nunca darle de premio golosinas o alfajores. No le hacen bien.
• Cuando el niño se porta correctamente, premiarlo con mucho amor y cariño.

A la hora de comer
El niño medirá los límites y su independencia también a la hora de comer. Los padres deben tratar de mantener un ambiente agradable y con reglas claras.
Si recibe alimentación en el jardín de infantes o en el CAIF, los padres tienen que mantenerse informados de los alimentos que le brindan para poder complementar con la comida de la casa.