Para un niño o una niña, jugar es mucho más que un pasatiempo, porque el juego pone su cerebro en funcionamiento de manera divertida. Ahora ya son capaces de ponerse sus propias metas y de persistir hasta alcanzarlas, experimentando por ello una satisfacción particular.
Disfrutan imitando lo que hacen los demás, que es una manera muy buena de aprender muchas cosas.
Durante el segundo año de vida aparece el juego simbólico. ¡Muy buena noticia!: indica que el desarrollo de los niños marcha muy bien y que ya pueden imaginar. Pocos meses después de poder empezar a jugar al “como si”, también pueden comparar objetos y disfrutar organizándolos de acuerdo con algún criterio de forma, color o uso que solo ellos saben. Una vez que su imaginación despertó, empiezan a poder “inventar”; un palito podrá ser una cuchara y una hoja de árbol un avión.

Diferentes juegos y objetos permiten distintos aprendizajes
No existen juegos ni juguetes exclusivos para las nenas ni juegos y juguetes exclusivos para los varones. Hay sí actividades y objetos que le interesan más a determinado niño o niña, independientemente de su sexo. Hay varones que aman la pelota y otros que prefieren la pintura, hay nenas que adoran jugar con muñecas y otras que prefieren los autos. No es conveniente intentar forzar un cambio de gustos, sino respetar la identidad de cada niño.
• El juego físico con movimiento contribuye a desarrollar sus destrezas motoras y ganar dominio sobre su cuerpo. Además de descargar el estrés, aprenden a disfrutar de su cuerpo y a cuidarlo.
• El contacto con el aire libre y la naturaleza los habilita a explorar, para perder miedos y conocer el mundo.
• Los juegos con agua y arena o tierra les permiten experimentar y crear.
• Los libros resistentes y coloridos son una buena manera de introducir al niño en el mundo de la lectura y del entretenimiento tranquilo. Compartir un libro incentiva el lenguaje y la imaginación, además de fortalecer el vínculo afectivo.
• Sigue sin ser bueno que miren televisión. Si su capacidad de atención se regula con los intensos y rápidos estímulos de la televisión, luego les costará prestar atención a estímulos menos intensos o más lentos, pero también valiosos.