Los padres están decididos, piensan que el pequeño está maduro para dejar los pañales y… un día hay que empezar. Para hacer más llevadero este aprendizaje conviene seguir algunas pautas.

Explicación clara y entusiasta
Una vez que están dadas las condiciones, se le explica al niño breve y claramente el objetivo que se le propone y cómo lograrlo. El tono debe ser positivo y esperanzado. Es bueno asociar esta tarea con la idea de que está creciendo y que eso le ofrece muchas ventajas. Si el pequeño admira a un hermano, prima o amiguito en particular, se puede aprovechar para decirle que ya está en condiciones de hacer lo mismo que ellos. Una opción en épocas cálidas es dejarlo sin pañales y con un pantaloncito liviano o bombachita para percibir el momento en que empieza a hacer pis y señalárselo para que aprenda a ligar sensaciones con significados.

Claridad y firmeza
Cuando se le enseña algo a un niño es indispensable que el mensaje sea bien claro, y que haya coherencia entre la palabra y la acción. De modo que, una vez que se le plantea el objetivo, es imprescindible quitarle los pañales y no volvérselos a poner hasta el momento de ir a dormir. Los pañales de la noche se le sacan cuando pase un período durante el cual aparezcan secos por la mañana.
Sin embargo, hay situaciones en que se puede ser flexible. Si hay que salir cuando recién comenzó el proceso de andar sin pañales para aprender a usar la pelela, se le puede poner un pañal para evitar accidentes molestos para todos y explicarle al niño que es una excepción.

Las visitas al baño
Al principio, las idas al baño serán programadas en horarios regulares de acuerdo con el ritmo de cada niño. Si los padres saben que aguanta más o menos dos horas sin hacer pis, ese será el tiempo que pase entre una ida al baño y otra. Una vez allí, no lo dejaran demasiado tiempo; cinco minutos es suficiente.
La vieja treta de abrir una canilla y dejar correr el agua sigue funcionando como ayuda para estimular la micción. Algunos necesitan un librito o un juguete para entretenerse en ese momento. Conviene que ese objeto sea de uso exclusivo para cuando va al baño.

La invalorable ayuda del estímulo
Todos necesitamos una motivación válida para hacer un esfuerzo. Para los chiquitos el mejor estímulo será la atención entusiasta que recibirá de sus seres queridos frente a cada conquista.

La sabia paciencia del paso a paso
Algunos aprenden enseguida y a otros les lleva más tiempo. Por eso es necesaria la paciencia, para que los padres se adapten al ritmo del niño y no al apuro de los adultos.

Un plan para manejar “accidentes”
Es frecuente que durante este período de aprendizaje se le escape el pis o se haga caca fuera del tiempo y el lugar acordados. Ni los enojos ni los castigos ayudan. Con calma, pero demostrando seguridad para corregir un problema, los papás irán hacia el “accidentado” expresándole su convicción de que la próxima vez logrará hacerlo mejor. Sin rezongos, lo llevarán al baño y le darán lo necesario para que se cambie. Hará por sí mismo todo lo que esté a su alcance. Se lo ayudará únicamente cuando no pueda solo.

La sabiduría de hacer una pausa
Hay casos en los cuales el niño no logra avanzar, a pesar de los buenos esfuerzos propios y de los de su “entrenador”. Antes de que todos se frustren o se enojen puede ser conveniente hacer una pausa explícita en el entrenamiento y retomarlo luego de un tiempo, con la energía y las esperanzas renovadas y el niño más maduro.