La curiosidad de niños y niñas a esta edad es grande. El mundo y todo lo que contiene les llama poderosamente la atención y también se interesan en su propio cuerpo. Así como van descubriendo sus manos, su cara, su ombligo, en determinado momento descubren sus genitales y que les resulta placentero tocarlos.
Tanto nenas como varones pueden empezar en esta etapa a tocar con cierta frecuencia sus genitales, tanto para explorarlos como por la búsqueda de placer.
Esto no solo no hace daño sino que puede ser bueno para su desarrollo.
La reacción de los adultos les mandará un potente mensaje con relación a la sexualidad, sus derechos y limitaciones.
• Si les demuestran censura, enojo o disgusto, les estarán enseñando que los órganos sexuales y el placer que producen es negativo.
• Si reaccionan con aceptación y límites; diciendo: “Es tu cuerpo. Debes cuidarlo, conocerlo y disfrutarlo, pero hay actividades que son privadas”, aprenderán que la sexualidad es aceptada y aceptable y que todos tienen derecho a la privacidad y el respeto de su cuerpo.
• Si por motivos religiosos o filosóficos se les quiere enseñar a no hacerlo, habrá que explicarles las razones, y podrán ir aprendiendo que hay veces que tienen que dejar de lado sus deseos por valores considerados superiores.

¿Cuándo puede ser preocupante?
Hay que preocuparse cuando se tocan excesivamente, o se irritan o lastiman; cuando lo hacen de manera compulsiva o cuando dejan de jugar o de comer por tocarse. En estos casos la consulta con el pediatra podrá orientar a los padres para determinar si el comportamiento es normal, si está aumentado por alguna conducta o situación erotizante del entorno o es una manera de descargar el estrés.

La importancia de una educación no sexista
Saberse y sentirse varón o niña depende de un complejísimo mecanismo que empieza en la concepción, en el cual la crianza no es el factor más importante. En la actualidad, ya no tenemos dudas de que unos y otros tenemos los mismos derechos y debemos tener las mismas posibilidades.
Por eso, es importante que desde chiquitos les enseñemos a funcionar en igualdad de condiciones, sin repetir estereotipos dañinos como “ayudar en la casa es para las nenas” o “los varones no lloran”. Criarlos sabiendo que su sexo no es una limitación para sentirse realizados y satisfechos consigo mismos les allanará el camino en la vida y los ayudará a respetar y respetarse por ser ellos mismos.