En estos años el niño madura sus gustos y comienza el autocontrol de la ingesta alimentaria. Los adultos le deben proporcionar alimentos sanos, permitiéndole controlar su calidad y selección. Es frecuente que se presente rechazo a alimentos que ya habían sido incluidos en etapas anteriores y que a partir de un determinado momento el niño no los acepte más.
Parte de esta conducta se relaciona con características propias del desarrollo, ya que el niño afianza su autonomía a través de la selección de alimentos. Sus preferencias ahora están más influenciadas por el aspecto de las comidas, las texturas, el sabor, y por esta causa indaga, investiga, necesita tocar y probar antes de aceptar un alimento. Luego lo clasificará entre los que le gustan y los que no.
Es importante que los adultos comprendan las razones y respeten las preferencias de los niños, pero continúen ofreciendo alimentos que han sido rechazados porque es posible que finalmente los acepten. Es una etapa muy dinámica, de modo que hay que evitar restringir la selección y dar por sentado que determinados alimentos no les gustan y nunca más ofrecerlos o eliminarlos del menú familiar. Sin embargo, como los niños se alimentan como lo hacen los adultos, quizás sean estos últimos los que tengan que mejorar sus hábitos.