La Organización Mundial de la Salud recomienda regular la promoción de alimentos y bebidas dirigidas a los niños, el uso de personajes queridos por los niños en los envoltorios o publicidades televisivas, así como la inclusión de juguetes u otros premios junto a alimentos y bebidas de mala calidad nutricional y gran contenido en energía, azúcar, sal, grasas saturadas y grasas trans.
Los niños pequeños, que aún no tienen capacidades para discriminar los mensajes, son el público objetivo de estas estrategias del mercado de los alimentos. Esto agrega a los padres la difícil tarea de poner límites de forma permanente en los sitios de venta de alimentos, donde en muchos casos estos productos están a la altura de los más chicos. Es necesario armarse de paciencia y estar informados sobre los riesgos que el consumo frecuente de golosinas, snacks salados, refrescos, jugos y galletería tienen para la salud de los chicos.
Para responder al pedido insistente, una buena estrategia puede ser negociar un día de compra de un alimento o bebida preferido. En caso de querer gratificarlo o darle un regalo puedan utilizarse otras herramientas, como leer un cuento, dibujar o ir a las hamacas.