Crianza

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Si bien la mejor recompensa es la atención de los adultos, hay otros tipos de premios “concretos” que a veces se pueden utilizar: actividades o privilegios especiales como un paseo, un rato más de dibujitos o doble cuento de noche.

Un plan para que incorporen hábitos

© UNICEF/2004/BIELLI

En esta etapa los niños están en condiciones madurativas para incorporar hábitos de higiene, de orden, de convivencia social. Adquirir esos hábitos requiere un esfuerzo. Es importante recordar siempre que sin estímulo no hay motivación para el esfuerzo, y el mejor estímulo para los niños es la atención de los adultos que los quieren y los cuidan.
Sin darse cuenta, habitualmente los padres responden más a lo que los chicos hacen mal que a lo que hacen bien. ¡Eso es lo que hay que modificar! Los niños deben recibir atención por lo que hacen bien.
• Cuando se quiere que los chicos incorporen un comportamiento favorable que a ellos no les entusiasma, habrá que inventar una buena estrategia para lograrlo en un clima agradable.
• Cuando el niño ya puede entenderlo, suele ser muy útil hacer un cuadro en una hoja, donde se hará una marca cada vez que cumpla con el hábito que se le está enseñando. Al mismo tiempo hay que felicitarlo y demostrarle alegría por el logro. Él también se pondrá contento. A veces eso es suficiente estímulo; otras se puede establecer algún privilegio por cierta cantidad de marcas positivas.

El mejor estímulo para los niños es la atención de los adultos que los quieren y los cuidan.


Las recompensas y sus beneficios
Si bien la mejor recompensa es la atención de los adultos, hay otros tipos de premios “concretos” que a veces se pueden utilizar: actividades o privilegios especiales como un paseo, un rato más de dibujitos o doble cuento de noche.
• Muchas veces es útil y necesario anunciarles la obtención de una recompensa por cumplir lo que se les pide, a fin de aumentar la motivación por hacer y mantener un esfuerzo.
• Esto no solo permite hacer el esfuerzo, sino que también enseña la relación que existe entre lo que se hace y lo que se consigue. Que sepan que es posible “trabajar” por lo que quieren es un buen aprendizaje.
• Lo importante es que la recompensa concreta, cuando exista, se sume al estímulo afectivo y no que lo reemplace. Si se premia un logro con un pequeño objeto, hay que hacerlo con una significativa muestra de aprobación y afecto, así como con felicitaciones por el esfuerzo.
• También es bueno estimular al niño para que desarrolle lo más importante: la capacidad de reconocer sus propios logros. Se le puede preguntar: “¿Te sentís muy bien por haberlo logrado?”

Para que una recompensa funcione
Tiene que ser algo realmente valorado o deseado por el niño. No es importante su valor económico ni cuánto le guste a los padres, sino que sea un verdadero premio a los ojos del chico. Es importante variar los estímulos para que sigan teniendo el efecto buscado.

¿Dar premios es chantajear?
El chantaje es la presión violenta sobre alguien para que haga algo en beneficio de otro. Lo que se propone aquí es el uso de recompensas para estimular comportamientos favorables para el desarrollo del niño.

¿Por qué premiar algo que debería hacer de todos modos?
Porque estimular la práctica de hábitos saludables es la mejor manera de favorecer su aprendizaje. La recompensa es solo un incentivo para hacer el esfuerzo de postergar un placer inmediato y ajustarse a una norma. Además, siempre es bienvenido el estímulo como reconocimiento por lo que se hace bien, ¡no importa si era una “obligación” o no!

¿Tendré que premiarlo siempre?
¡Por cierto que no! Una vez que el hábito está incorporado, no es necesario. Tampoco los niños reclaman seguir con los estímulos; el hábito ya forma parte de lo que se hace sin mayor esfuerzo, con autonomía. Ese es el momento de empezar a establecer otro buen hábito, si es necesario a través de un plan similar.

Las recompensas pueden ser peligrosas cuando:
• Se pone el acento en lo material.
• Se aplican de manera incongruente y el premio aparece o desaparece según el humor de quien lo ofrece y no de acuerdo con el comportamiento pactado.
• Es el niño quien pretende dirigir el plan: “Si me comprás tal cosa, entonces me lavo los dientes”.
Cuando pasan estas cosas, y hasta que esté bien claro cuál ha sido el error de aplicación del método, será necesario interrumpir el otorgamiento de estímulos concretos. Con calma y firmeza es necesario explicar por qué. Se le puede decir: “Entendiste mal: lo que hay que hacer se hace porque hay que hacerlo. Si a veces te premio por ello, es como un festejo, pero no una obligación. Así que por el momento vamos a suspender los premios, hasta que entiendas bien qué es lo que importa”.

Lo que verdaderamente importa es valorar el esfuerzo por hacer algo bien y lograrlo.