Es imprescindible trabajar para que los niños sean fuertes emocionalmente. También, transmitirles los valores que los padres quieren que los guíen.
Los valores no se transmiten en largos discursos sino en los pequeños gestos de todos los días. Ante un conflicto –por ejemplo, un niño que pega o le saca el juguete a otro más pequeño–, los adultos pueden reaccionar con una actitud punitiva, permisiva o saludable.
1. Punitiva: Gritos, rezongo, penitencia.
2. Permisiva: Indiferencia, hacerse los bobos, aunque lo que ocurre amerita la intervención adulta.
3. Saludable: Explicarle por qué no hay que pelear, pegar o sacarle el juguete al hermano. Proponerle pensar en cómo se siente el otro. Hacerlo tomar conciencia de que no es malo por haber cedido a la tentación, pero que deberá esforzarse en el futuro, devolver lo quitado y disculparse.