A los padres y adultos les cuesta creer que el abuso sexual existe y que la mayor parte de las veces viene de personas conocidas en las que confían tanto el niño como los padres y adultos encargados de cuidarlo.
Cuesta aceptar que puede pasarle a cualquiera… Aun a los propios hijos, sobrinos o nietos.
Enseñarles a defenderse de este tipo de peligro es tan importante como enseñarles a cruzar la calle o a no meter los dedos en el enchufe. Por eso es fundamental que desde chiquitos se les explique que en su cuerpo hay zonas privadas e íntimas que nadie puede tocar. El clima familiar debe ser propicio para que puedan expresarse, hablar, contar sus preocupaciones.
Para trabajar con ellos este tema es muy útil plantearles situaciones no reales pero posibles, explorar sus reacciones y darles estrategias útiles y protectoras. Se les puede decir, por ejemplo: “¿Qué harías si el abuelo de un amiguito te quisiera tocar…?”, “¿Qué harías si en la escuela un niño más grande te invitara a ir solo al baño con él?”.
Para evitar atemorizarlos y que sientan una total desconfianza en quienes los rodean, se les puede decir que “por suerte en el mundo hay muchas más personas buenas y sanas que de las otras”.