Desarrollo

Volver al listado

Si se los deja hacer lo que pueden, aunque no lo hagan perfecto, se los ayudará a fortalecer el gusto por la autonomía, practicar y mejorar sus habilidades y aprender a tolerar y solucionar dificultades.

Aprenden a aprender

© UNICEF/2012/BIELLI

El bebé se va transformando en un niño a pasos acelerados. Su capacidad para hacerse entender se multiplica, su mundo empieza a ampliarse y sus intereses se enriquecen y se consolidan. Va descubriendo nuevas habilidades y las pone a prueba. Es por eso que a veces parece demasiado movedizo, curioso y demandante de atención.
Ha avanzado mucho en su desarrollo, pero todavía le queda un largo camino por recorrer. Es importante acompañarlo con calidez y paciencia, disfrutar con él de este tránsito, que es lo que necesita para seguir creciendo seguro.
La curiosidad es una enorme potencia motivadora. Es normalmente intensa en los preescolares, y hay que aprovecharla para enseñarles a explorar, a buscar respuestas y a adueñarse del conocimiento experimentando el placer de hacerlo. Por eso es importante darles la libertad de explorar, guiarlos sin presionarlos y responder adecuadamente a sus preguntas.
¿Cómo? Con respeto y atención. Con pocas palabras, porque no necesitan ni pueden tolerar largos discursos. Dejando la explicación abierta para que, si quieren, piensen y hagan más preguntas. Con la libertad de no responder a todas sus interrogantes, si no es el momento o no se tiene la respuesta. Se les puede decir: “Me gustaría pensar bien eso… Más tarde lo hablamos”. Y hay que hacerlo, aunque ellos no lo reclamen. Algunas veces puede ser importante devolverles la pregunta: “¿Qué pensás tú?”. Otras veces, los adultos pueden guiarlos hacia un libro o alguna persona que pueda tener la respuesta.

Ensayo y error
Su coordinación y destreza motora han aumentado considerablemente y hay muchas cosas que pueden hacer por sí mismos –como ponerse alguna ropa o pasar la esponja por su cuerpo–, si bien quedan unas cuantas que todavía no pueden –como abotonar la ropa y anudar los cordones–.
Si se los deja hacer lo que pueden, aunque no lo hagan perfecto, se los ayudará a fortalecer el gusto por la autonomía, practicar y mejorar sus habilidades y aprender a tolerar y solucionar dificultades. Si se les permite hacer, sin apuro ni nerviosismo de parte de los adultos, los niños reciben un claro mensaje que les da seguridad y confianza en sus posibilidades y que los estimula a avanzar.
Seguramente los pequeños tengan ideas y ocurrencias inusuales. Si no son peligrosas ni molestan a nadie… ¿por qué no aceptar su creatividad? Atreverse a pensar en soluciones novedosas les será muy importante en su vida.

Si se aceptan y toleran los errores e imperfecciones de los niños, aprenderán algo muy importante: que hacer implica equivocarse, que no deben temer a las dificultades que encuentren, sino que deben aprovecharlas para mejorar la estrategia y seguir intentando hasta lograr su objetivo.


La mejor versión de sí mismos
Construirse a uno mismo es una tarea larga que debe apoyarse en bases sólidas. A partir de ellas y a través de la experiencia en la vida, es que se van desarrollando diferentes habilidades y capacidades que conforman lo que se denomina “fortaleza emocional”. La prioridad debe ser criar niños fuertes emocionalmente. Esto significa educarlos de tal forma que puedan ir de a poco aprendiendo a enfrentar frustraciones, a conocer y saber qué hacer con sus emociones e impulsos, a ser capaces de ponerse en el lugar del otro, a tolerar el estrés, a aprender a valorarse, a confiar en sí mismos, a tener esperanza, a saber relacionarse con los demás. La fortaleza emocional no nace con el bebé. Se aprende a ser fuertes desde el primer momento y a lo largo de la vida, a partir de lo que se vive con los adultos que cuidaron y educaron al niño.