Las emociones de los chiquitos suelen ser muy fuertes y aún les cuesta controlarlas. Tener mejor lenguaje favorece el desarrollo del autocontrol. Los adultos pueden ayudar significativamente en este proceso. También ayuda que sean buenos ejemplos de autocontrol y hablen de sus emociones: “Me hace enojar mucho que ensucies donde acabo de limpiar”.
Autocontrol o control de uno mismo
El autocontrol en los niños es la capacidad de resistir a las ganas de hacer algo que no debe. Es la habilidad del niño para decir “no” a algo que puede gustarle pero que le traerá malas consecuencias. También lo ayuda a aprender a utilizar estrategias especiales para aumentar el control sobre sí mismo.
• Aprender el arte de las autoinstrucciones. Muchos pequeños utilizan, natural e instintivamente, el recurso de hablar consigo mismos. En momentos difíciles, se los puede ayudar diciéndoles frases como: “Calma, Fulanito, no te enojes” o “Respirá hondo y no le pegues”.
• Alejarse de la tentación. Es otro buen recurso que se les puede enseñar para que logren controlar un impulso. Hay que hacerles notar esa posibilidad. La tentación puede ser algo que no debe ser tocado o pegarle a una hermana que los provoca.
• Si los adultos que rodean al niño saben controlarse a sí mismos, serán buenos modelos que favorecerán que el niño también aprenda a controlarse. La idea no es que consideren a sus padres robots perfectos. Está bien que vean que se alejan, que se entristecen, que se alegran; pero lo formativo es que se den cuenta de que no los dominan las emociones. Si los adultos se enojan mucho, pueden decirlo y alejarse hasta que se les pase y pueden actuar con inteligencia, y no guiados por impulsos. Esta actitud debe ser la misma con ellos, con otras personas, dentro de casa y fuera de casa.