Los comportamientos agresivos forman parte del repertorio de conductas previsibles en niños. A falta de otros recursos, apelan, por ejemplo, a un empujón para subir al tobogán, a un tirón de pelo para que el otro suelte el autito.
Entender que se trata de comportamientos habituales en esta etapa no significa que los adultos no actúen. El mejor aporte es empezar a enseñarles mejores maneras de conseguir lo que quieren, además de enseñarles que la agresión no es un comportamiento aceptable en ninguna circunstancia.
Negociar, compartir, tomar turnos: son algunas de las estrategias a enseñar. Los adultos jamás deberán tratar a los niños con agresividad, de ese modo evitarán que los chicos sean agresivos al resolver conflictos, porque no querrán que tomen ese modelo de conducta.

Cuando la agresividad es excesiva
El comportamiento agresivo no se hereda, se aprende:
• De cómo son tratados desde etapas bien tempranas.
• Imitando los comportamientos de quienes son sus modelos: padres, maestros, hermanos, personajes de juegos o televisión.
• Si descubren que con la agresividad consiguen lo que quieren.
Cómo prevenir la agresividad en los primeros años:
• Tratándolos con amor y respeto siempre.
• Enseñándoles a pensar en el otro.
• Enseñándoles el control de sí mismos.
• Enseñándoles maneras no violentas de defenderse.