Los preescolares normales sienten algún miedo. Su imaginación frondosa puede volverse en su contra, y llegan a sentir los monstruos y fantasmas como amenazas reales.
Aun sabiendo que se trata de un miedo que no responde a una amenaza real, hay que respetar ese sentimiento con empatía y paciencia, porque cuando un niño está asustado lo que necesita es contención, es decir que lo hagan sentir más seguro y protegido.
Recién cuando esté calmado, los padres podrán ayudarlo a pensar de manera más realista y enseñarle qué hacer si otra vez pasa por lo mismo. No existe otra manera de perder un miedo que enfrentarse a lo que se teme de a poco, gradualmente, pero sin evitarlo. Si el miedo es muy fuerte, convendrá empezar por enfrentarlo en la imaginación, con cuentos y relatos que ayuden a “bajarle el volumen”.