Enseñarles a los niños a relacionarse con la sexualidad es muy importante… pero no suele resultar fácil. Si no se les da la información adecuada, se la oculta o se evita hablar del tema, se les está transmitiendo la idea de que la sexualidad es mala o prohibida, y además se deja el camino libre para que obtengan la información de cualquier fuente. Es bueno conversar el tema entre los padres y adultos a cargo, intercambiar ideas, leer y pedir asesoramiento.

¿Cuánta información? ¿Cuándo? ¿Cómo?
Cuando los niños pregunten algo, nunca se los debe dejar sin respuestas. Si los adultos no saben contestar, pueden decírselo, buscar información o asesorarse. Algunas veces, los chicos no hacen preguntas concretas, pero en ocasiones se percibe una interrogante detrás de un comentario, de algún silencio, de la mirada. Se puede entonces atender esa demanda silenciosa preguntando, por ejemplo: “¿Te llamó la atención la panza de esa señora?”.

Las respuestas tienen que ser:
• Veraces: Con la verdad adecuada a la edad y a lo que pueden entender.
• Honestas: Que las palabras reflejen lo que realmente hacen, sienten y piensan los adultos. De esa manera el niño no solo entenderá mejor la explicación, sino que confirmará que puede confiar en lo que le dicen.
• Breves: Porque largos discursos confunden… y aburren.
Si el chico nunca hace preguntas, conviene reflexionar sobre el motivo de esa actitud; preguntarse si existe el clima familiar propicio para hablar de esos temas o si algo lo inhibe.

Partir de lo que saben
Por lo general, a esta edad los niños conocen las diferencias entre los genitales de ambos sexos, los nombres de los genitales y algunos aspectos del embarazo y el parto. También tienen curiosidad por su cuerpo y sus genitales. Sienten placer cuando se tocan y lo hacen aun en público.
Cuando se habla de sexualidad, lo importante es lograr transmitirle al niño que es una más de las muchas funciones del organismo, tan respetable como cualquier otra, y que es un asunto que puede y debe hablarse en familia. Por eso, cuando se mencionan los genitales, hay que cuidarse de no transmitir algo equivocado. Por ejemplo, cambiarles el nombre puede enseñarles que llamarlos por su nombre correcto da vergüenza.

Preguntas incómodas
La exposición de los niños a los medios de comunicación los enfrenta a información que está fuera de lo adecuado para la edad. Esto pone a los adultos en la situación de tener que explicarles temas sobre los que aún no hablarían con ellos.
Los padres no están obligados a dar información que no crean conveniente, y hay unas pocas veces en las que pueden decir: “Te lo explicaré cuando seas más grande”. Otras veces pueden dar una explicación que sea adecuada a la edad, veraz, pero que simplifique la compleja realidad adulta. Un ejemplo: “¿Qué es un travesti?”. Respuesta: “Un señor a quien le gusta vestirse de señora”.
Lo importante es que aun frente a las preguntas más escabrosas, los adultos mantengan un tono honesto y tranquilo que le transmita al niño el mensaje irrefutable: “En mi familia no hay temas prohibidos”. La salud, la higiene y la sexualidad son cuestiones que deben tratarse con naturalidad en la crianza de los niños. No es bueno que reciban información solamente cuando pregunten, ni informarles solo sobre aspectos negativos o espinosos de la sexualidad.