Todos los padres y madres tienen una historia y una vida anterior a la paternidad y la maternidad. Quieren repetir las experiencias favorables. No quieren repetir lo que les hizo daño y les dolió. Ninguna será una madre perfecta, ninguno será un padre perfecto, pero todos pueden trabajar para ser los mejores padres posibles para su hijo.
Empezamos a ensayar la maternidad y la paternidad desde mucho antes de convertirnos en madres y padres. Lo hacemos desde la infancia al imaginar nuestro futuro de adultos. Lo aprendemos, como hijos e hijas, cuando recibimos el cuidado de nuestros padres, cuando vamos descubriendo nuestra relación con ellos y el papel que juega cada uno y vamos experimentando qué nos hace bien y qué nos hace sufrir.
También el juego es una buena escuela. Por eso es importante que las nenas y los nenes jueguen a ser padres y así ensayen los papeles de mamá y papá. Otra fuente de aprendizaje consiste en visitar a otras familias y compartir actividades. Podemos ver cómo actúan los padres y madres en otras familias y compararlas con la nuestra en el presente, así como imaginar la futura, la que construiremos de adultos.