Todos los derechos humanos de los niños y los adolescentes están contenidos en la Convención sobre los Derechos del Niño, un tratado internacional aprobado por Naciones Unidas y adoptado por más de 180 países de todo el mundo, entre ellos Uruguay. Los 54 artículos son una guía para orientar al Estado, a los padres y demás adultos a cargo en el cumplimiento cabal de todos los derechos, ya que los niños precisan una protección especial. Algunos de los artículos refieren a la posibilidad de crecer en una familia, de recibir cuidados de salud, de acceder a la educación, de jugar y divertirse.

Es deseable que los padres se interioricen sobre la Convención y ayuden a sus hijos a conocer sus derechos. Esto se dará de distintas formas en función de la edad del niño y la evolución de su capacidad de comprensión.

Cuando se acompaña a los chicos en el aprendizaje de sus derechos y sus responsabilidades, y cuando se les enseña a respetar los derechos de los demás, se establecen las bases para la persona adulta y responsable que será en el futuro. Naciones Unidas alienta a que esto suceda ya que se prepara a los pequeños para vivir "en un espíritu de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad".

La cuestión del respeto a los otros aparece en varios artículos. Por ejemplo, la Convención indica que los niños tienen derecho a la libertad de expresión y el derecho de juntarse con otros y establecer asociaciones. A su vez, establece que en el ejercicio de estos derechos se deben respetar también los derechos, las libertades y la reputación de los otros.

Algunos derechos pueden generar dudas a los padres. Por ejemplo, el que dice que los niños tienen el derecho a expresar su opinión en todos los asuntos que les afecten. Esto no significa que ahora los niños pueden decirles a sus padres lo que deben hacer. En realidad, el objetivo de ese artículo es alentar a los adultos a que escuchen las opiniones de los niños y los involucren en el proceso de tomar decisiones. No implica transferir a los niños ningún tipo de autoridad sobre sus padres. Una vez más, la participación de los más pequeños debe producirse en función de su edad y su madurez.

La Convención apoya firmemente que los padres ofrezcan dirección y orientación a sus hijos. Sin embargo, especifica con claridad que los niños deben ser protegidos 1 contra toda forma de violencia o maltrato mental o físico. Cualquier forma de disciplina que incluya violencia es inaceptable. En cambio, existen muchas formas no violentas, apropiadas para cada etapa de desarrollo y que toman en cuenta el interés superior del niño. Es responsabilidad de los padres aplicar métodos correctivos creativos que ayuden a los hijos a aprender sobre la conducta que esperan de ellos sus familias y sus comunidades.

Los niños tienen derecho a la educación y a no realizar ninguna actividad que interfiera con esta. En ese sentido, la Convención no prohíbe a los padres confiar en que sus hijos les ayuden con las tareas domésticas en forma segura y apropiada para su edad. Sin embargo, es fundamental que los padres sepan que así como se debe proteger a los niños contra cualquier forma de violencia, también se los debe proteger de toda explotación económica o trabajo peligroso. Si cuentan con sus hijos para las tareas del hogar, deben asegurarse de que nunca se pondrá en peligro ninguno de los otros derechos garantizados en la Convención, incluidos el derecho al descanso, al esparcimiento, al juego y a la recreación.