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El uso de las redes es cada vez mayor y estas pueden aprovecharse en beneficio de la educación o la recreación de los niños, pero conviene tener presente que el exceso de horas de uso también puede llevarlos a relacionarse más con el mundo virtual que con el real.

LAS REDES SOCIALES: USO RESPONSABLE

© UNICEF/2012/BIELLI

Las redes sociales son espacios creados en Internet para que las personas establezcan relaciones en línea, compartan intereses y actividades. Los usuarios de la red crean sus perfiles y, a partir de allí, comienzan a establecer vínculos virtuales con otros usuarios, con los que se comunican de forma pública o privada.
Si bien muchas redes requieren que los usuarios tengan 13 años o más, es una realidad que los niños tienen acceso a esas redes, que se han convertido en un contexto socializador para ellos. Ese es un punto delicado, porque no siempre tienen la orientación apropiada para saber qué información les conviene compartir públicamente y qué información deben guardarse en la privacidad. Es importante que las condiciones de privacidad sean configuradas.
El uso de las redes es cada vez mayor y estas pueden aprovecharse en beneficio de la educación o la recreación de los niños, pero conviene tener presente que el exceso de horas de uso también puede llevarlos a relacionarse más con el mundo virtual que con el real. Los niños también deben saber que las mismas normas que rigen para la comunicación personal deben mantenerse al socializar a través de las redes y que en estas no se deben decir cosas que no se dirían en una conversación personal.

Cada acción, perfil o publicación que se haga deja una huella digital. Todos los navegadores web y sistemas operativos actuales incluyen restricciones de contenido en su configuración. Eso se llama control parental y permite desactivar sitios y contenidos inapropiados para que los niños puedan acceder a espacios más seguros.



Reputación, identidad y amigos

El acceso a Internet ha traído consigo varios cambios conceptuales que conviene repasar. Conceptos como reputación, identidad y amistad ya no son lo que eran.

La reputación es la opinión o la consideración en que se tiene a una persona o el prestigio o la estima en que es tenida una persona. Con Internet, el término no ha variado, sino que lo que ha cambiado ha sido la forma de construirlo, ya que hoy los individuos utilizan la Red para mostrar sus acciones. Surge, así, la reputación digital, que es la opinión que otros usuarios tienen de la vivencia en línea de una persona u organización.

La identidad también es un término que hoy en día se relaciona con lo digital y es otro concepto que se ha ampliado con el uso de Internet. La identidad digital es la información, presente en la Red, de una persona u organización (perfiles, datos personales, fotografías, artículos, comentarios...).

La amistad ha sido un concepto tradicionalmente muy valorado, pues implica la entrega a una relación que se comparte y crea vínculos afectivos fuertes y estables. Con Internet la amistad se ha convertido en una forma de relacionamiento menos profunda y a veces momentánea. Los adultos deben ayudar a los niños a comprender esa diferencia. Es una forma más de protegerlos, porque en la Red no todos son verdaderos amigos, aunque integren la lista de «amigos» de Facebook.

La reputación no depende únicamente del propio usuario, sino que se establece también por el intercambio que este tiene con otros usuarios. Por eso es tan importante administrar la información y los contenidos que se comparten individualmente y en relación con otras personas.

La imagen y el futuro

Es importante que los adolescentes reflexionen sobre cómo los podría afectar, en el futuro, la difusión de las imágenes que comparten en el presente. Hay que recordarles que los datos, fotos y videos que suben hoy a la red pueden permanecer para siempre y podrían ser usados para perjudicarlos. Muchas veces lo que hoy puede resultar una broma, fuera del contexto adecuado puede repercutir negativamente en su reputación. Por eso, es preferible no filmar o fotografiar actos de la vida íntima. Y mucho menos compartirlos en la web, ni siquiera restringiendo quiénes podrán verlos, ya que esos filtros podrían ser violados o nuestra confianza puede verse defraudada. Una forma de orientar sobre las imágenes apropiadas para ser compartidas es elegirlas juntos o ejemplificar con las fotos de otros.